fbpx

Nuestro hermano Juan Carlos, en la tierra de los Incas.

Nuestro hermano Juan Carlos, en la tierra de los Incas.
Nuestros hermanos de Perú, han sido bendecidos en el comienzo de este nuevo año
con la presencia misionera de nuestro hermano Juan Carlos Saucedo, Fundador y
Director General de la Casa de la Misericordia. Distintos encuentros en Parroquias y
hogares han permitido que el mensaje de la misericordia se siga difundiendo con gran
fuerza, mas aun en este Año Santo en el cual el Papa Francisco nos ha invitado a
revitalizar nuestro ser misionero saliendo al encuentro del hermano.

Destacamos el encuentro con los hermanos de la Parroquia María de Nazaret, la visita
a la señora Yolanda una gran apóstol de la misericordia por 26 años, quienes tuvimos
la alegría de vivir en Bogotá el pre Congreso WACOM, la recordamos con especial
cariño y admiración; aun hoy a sus 96 años sigue anunciando la gran misericordia de
Dios.

También un maravilloso compartir con nuestro hermano Luis Enrique Ascoy, cantautor
peruano con quien hemos tenido posibilidad de compartir en muchas de nuestras
Sedes en Colombia y Panamá. La Casa san Miguel de las hermanas Agustinas Hijas
del Crucificado fue también lugar de encuentro para un compartir fraterno como signo
de nuestra comunión como laicos que valoramos inmensamente la diversidad de
Carismas con los cuales el Señor ha bendecido nuestra Iglesia. En el registro
fotográfico vemos a nuestro hermano Juan Carlos junto a la Madre Janet, superiora de
la Comunidad en esta Casa; la Hermana Teresa quien compartió con nosotros el
Congreso Internacional de Cali y lidera allí una comunidad de la Misericordia que se
dedica a evangelizar en las urbanizaciones y el hermano Juan Abril, Misionero de la
Misericordia que lidera el apostolado de nuestra Obra en el Perú y por quien oramos
fervientemente para que el Señor lo siga asistiendo con su gracia. Damos gracias al
Señor por el fruto espiritual de este viaje misionero y pedimos que el Santo Espíritu
fecunde esa semilla de la Palabra de Dios que ha quedado en los corazones. Por todo,
gracias Dios.