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Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid agradeció el servicio y ayuda que la CDLM realiza en Cúcuta

Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid agradeció el servicio y ayuda que la CDLM  realiza en Cúcuta

Un momento de gran alegría en el Vigésimo Segundo Congreso Internacional de la Misericordia que se llevó a cabo en la ciudad de Cúcuta del 12 al 15 de octubre pasado, fue la presencia de Monseñor Víctor Manuel Ochoa Cadavid, obispo de la Diócesis durante su saludo de apertura en el que destaco y agradeció como pastor y padre espiritual de esta Iglesia en Particular,  a la Casa de la Misericordia por todo el bien espiritual y material que hace en esta región fronteriza.

En sus palabras de inauguración del Congreso, Monseñor Ochoa  Cadavid, invito a los participantes a mirar al  Señor de la Misericordia, para profundizar y aprender más de esta gran realidad de fe que es la “Divina Misericordia”, un don siempre nuevo para el mundo. Predicar a Jesús Misericordioso dijo, es evangelizar, llevar nueva noticia al mundo de hoy que tanto necesita de Cristo. También destacó la presencia de Monseñor Mario Moronta, Obispo de San Cristóbal Venezuela; así como la labor de la Casa de la Misericordia que  en comunión y unidad con la Iglesia Diocesana,  colabora en el servicio del Hogar de Paso en la zona fronteriza, atendiendo a los hermanos venezolanos que han abandonado su país .

 Algunos apartes de  su saludo:

Bienvenidos todos a este Vigésimo Segundo Congreso Internacional  de la misericordia. Han querido escoger para este congreso un precioso lema de las Escrituras: “Mi Padre siempre trabaja y yo con él”. Han tomado de San Juan que nos permitirá en este congreso de la misericordia centrar la atención en el misterio de Dios Padre, de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo. Podemos decir con palabras del evangelista San Lucas, que en estos días centraremos la mirada en Cristo que es el único Salvador del Mundo. Este Congreso Internacional de la Misericordia, nos permitirá mirar con atención a Cristo abriendo el alma a él,  mirando su cuerpo glorioso, sus brazos y manos heridos con las huellas de la pasión, pero Cristo es el que  resplandece glorioso para nosotros, para su Iglesia. Mirar a Jesús es mirar al Señor de la Divina Misericordia para aprender y contemplar su Evangelio, para aprender y contemplar su enseñanza. Miramos al Señor de la Misericordia, pero cada vez más aprendemos, cada vez más entramos en profundidad en esta gran enseñanza y en esta gran realidad de fe que es la Divina Misericordia. ..

Yo les doy la bienvenida a esta Diócesis de San José de Cúcuta. Hemos querido vivir en Cúcuta dos realidades, ustedes queridos hijos de la diócesis bien lo saben. Queremos vivir una experiencia profunda de Jesús  en la liturgia. Hemos tenido bellas celebraciones, hemos renovado nuestra vida litúrgica, pero también en Cúcuta hemos querido vivir la  misericordia, la caridad con los hermanos que sufren. En este Vigésimo Segundo Congreso Internacional de la Misericodia, ustedes quieren tocar también con su mano esa realidad del pueblo venezolano que es tan dura en estos momentos, y aprovecho para darle la bienvenida a mi hermano, a Monseñor Mario Moronta que nos acompaña, y a todos los hermanos de la querida República Bolivariana de Venezuela. Los invito para que estos días miremos a Cristo, es una gran novedad, Cristo es siempre nuevo.

Cristo nos regala un mensaje profundo porque nos regala la misericordia de Dios, y no es una misericordia teórica, es una misericordia que nos toca personalmente a cada uno de nosotros. Reflexionar sobre la misericordia es mirar la cruz, el sufrimiento de Cristo, pero sobre todo el perdón que el Padre nos regala en su hijo Jesucristo, una nueva existencia, un tiempo nuevo.  Y  es Jesús que trabaja con el Padre, es Jesús que  cumple la voluntad del Padre y nos permite experimentar ese don precioso de la misericordia. Es un don siempre nuevo para el mundo. Predicar a Jesús Misericordioso es evangelizar, llevar la Buena  noticia al mundo de hoy que tanto necesita de Cristo. ¿ Que haría que más de mil personas estén aquí? Esa locura de la cruz, la entrega de Cristo, es la victoria de Jesús misericordioso sobre el pecado, sobre  la muerte y  es el triunfo de Dios. ..

Mirar a Jesús y mirar su misericordia es mirar su corazón traspasado. Un corazón del cual brota perdón, amor. Santa Margarita María, el beato de la Colombiere,  Santa Faustina entran en ese maravilloso regalo del Corazón de  Cristo Traspasado  que es misericordia. Una de las dimensiones constitutivas, una de las dimensiones que expresaba claramente la Palabra de Dios. En el A. T. para el Padre, es  que Dios es clemente y misericordioso.

Cada vez que reflexionamos sobre la Misericordia, encontramos temas nuevos, temas fundamentales, temas particulares. El trabajo es el hijo que trabaja con el padre, es el tema de la comunión y es el tema de la misión. El tema de este   congreso nos abre temas nuevos en la misericordia, en ese profundizar en la misericordia del Padre. Entrar en esos atributos de Dios, es entrar también en lo que tenemos que hacer en el mundo de hoy. Trabajo en favor de la evangelización, de la siembra del evangelio en el mundo de hoy. Es mostrar a cada hombre y a cada mujer en Cúcuta, en Colombia, en América Latina, en el mundo entero, mostrar esa misericordia divina que se manifestó en la cruz y que es un hecho nuevo para todos los hombres,  la muerte y resurrección de Jesucristo. Trabajar hoy por el Evangelio en momentos de prueba como nunca para la Iglesia.  La Iglesia siempre ha tenido persecuciones, pero este es un momento bien difícil, tal vez fruto de las nuevas realidades de la tecnología y de las comunicaciones sociales, pero no debemos llenarnos de temor, sino que tenemos que asumir ese misterio de la cruz, el misterio del pecado y afirmar la gracia hoy.

Darles la bienvenida a la Diócesis de Cúcuta, es invitarlos también a ponernos al servicio del hombre. La fe no puede ser algo separado de la vida, y yo tengo que decir hoy públicamente gracias a la Casa de la Divina Misericordia, Dios les pague. Han servido, han cocinado, se han ensuciado las manos lavando platos. Hemos repartido mas de 630 mil platos de comida y los miembros de la Casa de la Misericordia han servido muchos de esos platos. Eso hace que nuestra fe no sea una fe ideal, una fe teórica, sino  que es una fe que se pone al servicio del hombre, al servicio de la caridad, como Cristo que con suprema caridad entregó su vida por nosotros . Estar al servicio del sufrimiento humano es comprender mejor el  sufrimiento de Cristo en la cruz , es comprender mejor que el Señor sufrió  por nuestros pecados y restableció el amor y la justicia divina.

El corazón de Cristo es traspasado por el Centurión romano que lo rompe con una lanza, y esa ruptura que es dolor, esa ruptura que es sufrimiento, es ocasión de gracia. Del Corazón roto de Cristo surgen  el agua y la Sangre: caridad, bautismo, amor, y servicio. Que estos días nos lleven al amor de Cristo por la humanidad y al amor de nosotros por los hermanos. Un Vigésimo Segundo Congreso Internacional de al Misericordia,  tiene que ser una fuente de gracia inagotable.

¿Sumar lo que la diócesis de Cúcuta está haciendo por los hermanos necesitados y cómo hacen? Hay un secreto en la casa Hogar de Paso Divina Misericordia. Detrás de ese cuadro está el sagrario de la parroquia. Ese cuadro marca el lugar en el cual está el sagrario, y es la misericordia de Cristo. Él no ha faltado con nada ni con los bienes materiales, ni tampoco con las manos. Son 500 voluntarios de Colombia y casi 100 o más voluntarios de Venezuela además de las parroquias y sacerdotes que allí sirven, porque esa es la fuente de la gracia. La fe es la seguridad de que el Señor nos asiste y nos ayuda. Dice  Santa Faustina que la misericordia de Dios es una fuente inagotable, es un océano de gracias. Los invito a ustedes queridos hermanos  para que entremos en ese océano de gracias que es la misericordia de Dios, y contemplemos el corazón amable de Cristo, para que entremos en el misterio de Dios que es misericordia en su hijo Jesucristo para todos nosotros. Que la Santísima Virgen María desde el cielo los bendiga, los proteja y los acompañe siempre.

Dios le pague a la CDLM por todo el bien espiritual y material que hace en Cúcuta. Somos testigos en primera persona de esa dimensión espiritual, de ese servicio, de ese camino  que anima de tantos hombres y mujeres, y sobre todo jóvenes en nuestra ciudad  y en nuestra diócesis, pero también en Colombia  y el mundo entero. Que Dios y la Santísima Virgen les ayude siempre.