¿Un católico puede celebrar Hallowen?


Para contestar esto, necesitamos ser un poco más específicos. Debemos preguntarnos: ¿podemos lo cristianos entregar dulces a los niños que se disfrazan el 31 de octubre?, ¿es correcto disfrazar a nuestros niños?, ¿está bien si lo hacemos nosotros?.
Si consideramos la inocencia de los niños y la alegría que ellos sienten al recibir dulces, nos inclinamos a decir que sí, que no hay ningún problema en ello, por otra parte creemos que si evitamos los disfraces relacionados con la brujería, el demonio y la muerte, no hacemos ningún daño a nadie y eso nos autoriza a participar.
No obstante, quien así piensa es víctima de una trampa del demonio, él astutamente coloca entre la espada y la pared a los padres de familia, porque negarle a un niño la alegría que produce la "inocente fiesta del halloween", es juzgado como un acto innecesario y fanático.
En otras palabras, es casi una obligación que los niños participen de halloween, no hacerlo supone una exageración y esto se entiende de esta manera porque lo vemos desde la perspectiva de los niños, para ellos hallowen es una fiesta donde adultos y niños pueden disfrazarse de cualquier cosa, comer muchos dulces, pasar un rato agradable con sus amigos; para un pequeño hallowen no es más que un divertido plan infantil.
Ahora bien, los adultos tenemos la obligación de colocarnos en una perspectiva diferente: no podemos juzgar la realidad desde la mirada inocente de un niño. Piense por un momento si usted autorizaría a su hijo a pasar la noche en casa de un adulto que usted no conoce, con el pretexto que ese desconocido le ofreció a varios niños una noche gratuita de diversión, es probable que su hijo se sienta triste e incómodo porque usted no le permite ir a esa fiesta a la cual asistirán otros niños, pero aunque su hijo no entienda, usted sabe que hace lo correcto al impedir que vaya porque desde la mirada de un adulto es evidente que detrás de una propuesta tan divertida como esa, se esconde el peligro de entregar a los niños en manos de un pervertido.
La participación de la celebración de halloween se presenta como obligatoria porque está revestida bajo apariencia de una inocente celebración para los niños, desgraciadamente la realidad es muy distinta y por eso debemos cambiar la inocente pregunta inicial por una más acorde con los hechos: ¿podemos los católicos participar de una celebración en honor a Satanás?, ¿debemos disfrazar a nuestros hijos para festejar las obras del demonio?, ¿hacemos bien al motivar esta fiesta? No, sin vacilaciones ni sentimientos de culpa, las obras de Satanás no se deben festejar; la muerte, el asesinato, la brujería no son motivo de fiesta.
¿Es halloween una celebración satánica?
Lamentablemente sí, la página oficial de la iglesia de Satanás fundada por Anton Lavey (el papa negro) lo reconoce. Múltiples testimonios confirman que el 31 de octubre es la fecha más importante para las sectas satánicas, esa noche se practica la misa negra más grande en honor a Satanás, los demonios y sus obras.
Todos los testimonios de ex-satánicos coinciden en afirmar que durante esa noche los miembros de las sectas ofrecen al demonio sacrificios de humanos y animales, sacrilegios a la Eucaristía, abortos, suicidios, orgías, todo tipo de obscenidades y lo más importante, el pecado de quienes ellos han inducido a pecar, todo esto con el propósito de establecer pactos entre los miembros de las sectas y Satanás.
¿Cómo se benefician los satánicos de esta celebración?
Para contestar esto con claridad es necesario comprender la dinámica de un pacto con el demonio. Este consiste básicamente en un acuerdo firmado por una persona que ofrece su alma y la de otros a cambio de favores. Se trata de un intercambio, de tal forma que la persona que pacta entra en la dinámica de ofrecerle al demonio el mayor número de almas posibles a cambio de los supuestos "beneficios" que recibirá.
¿Y cómo un satánico o un brujo le ofrece almas al demonio? A través del pecado, no solo el suyo, sino especialmente induciendo a otros a pecar, a vivir lejos de Dios y enseñándoles a despreciar a la Iglesia Católica; esto último porque si una persona peca y se acerca a la Iglesia encontrará el perdón y la salvación, de lo contrario seguirá en pecado y se condenará. Pecado, desprecio a Dios y a la Iglesia van juntos.
Ahora sí podemos contestar la pregunta ¿en qué se benefician los satánicos y brujos de halloween? Promover esta celebración supone para ellos la oportunidad de ofrecer lo más apetecido para Satanás: el pecado de muchísimos niños inocentes. De todas las abominaciones que un satánico puede ofrecer al demonio, la más importante desde la perspectiva de los condenados en el infierno es esa: el pecado de un inocente.
Recordemos lo que nos dice san Lucas 15, 7: "hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse" Y esto significa que de forma totalmente opuesta: "hay más sádica satisfacción (no alegría) en el infierno por muchos inocentes que pecan, que por un alma en pecado mortal que no necesita pecar porque ya está condenada".
Por eso buscan que los más inocentes participen de esta burla a Dios y homenaje al mal, porque son estas almas las que Satanás desea manchar a toda costa, aunque sea con una falta leve.
¿Qué gana el demonio con la fiesta de Hallowen?
En general: no tiene nada que ganar, él fue vencido por Jesús en la Cruz y está condenado eternamente, pero él sabe que nosotros tenemos mucho que perder: el Amor de Dios y la alegría del cielo. En su egoísmo trabaja para que el mayor número de personas rechacen a Dios tal como él lo hizo e intenta arrastrarnos a su miserable condición, en su astucia intenta engañarnos con falsa esperanza y desesperación.
Nos tienta con la falsa esperanza cuando nos invita a pecar con la excusa que Dios siempre nos perdona, nos dice: "Dios es bueno, ese pecado no es tan grave, no pasa nada, Dios te perdonará, todo mundo hace lo mismo". Esa falsa idea busca que abusemos de la Misericordia de Dios, que le ofendamos.
Y cuando hemos pecado nos tienta con la desesperación, nos invita a creer que nuestros pecados son tan grandes que Dios nunca nos perdonará; esto es un engaño porque ni todos los pecados del mundo se comparan con el océano de la Misericordia de Dios, con esta tentación quiere que nos mantengamos lejos del Señor.
De forma concreta: los símbolos, personajes y disfraces que hacen parte de Halloween le permiten unir el rito de las sectas satánicas, con la fiesta del mundo pagano en una celebración que exalta las obras del demonio. De esta forma quien participa está sumando su pecado de indiferencia al pecado de las sectas que celebran las obras de satanás.
Halloween es un rito satánico de desprecio público a Dios, que tiene su fuerza en la participación de los más inocentes, el demonio gana terreno en el corazón de niños y adultos porque permite en una sola noche sembrar la nefasta idea: que es posible insultar al Señor y que hacer esto es algo sin importancia, a tal punto que mientras ello ocurre nosotros podemos divertirnos y pasarla bien indiferentes ante el hermano que erra e indiferentes ante Dios que es ofendido, sin duda esta pensamiento es una semilla que luego dará como fruto pecados más graves.
