La Familia Espiritual de la Casa de la Misericordia

¡Somos familia espiritual!
"Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra." (Efesios 3, 14-15)
Es la paternidad de Dios la que le da identidad a nuestra familia humana y espiritual. Son los brazos del Padre Dios los que desean abrazar a cada uno de sus hijos, para que reconociéndonos hijos de Dios podamos igualmente, por Su Misericordia, experimentarnos hermanos de los que nos rodean y así construir la familia de Dios. Podemos afirmar que solo experimentando la ternura de Dios Padre, la familia de la tierra y del cielo descubre su verdadera vocación y realización.
El texto menciona dos tipos de familia que vamos a denominar la familia natural (tierra) y la familia espiritual (cielo). La natural son nuestros padres, hermanos, conyugue, hijos y la espiritual es la Iglesia Católica en general, pero nuestras comunidades en particular. Esta es la gran noticia, los hermanos con los que compartimos esa maravillosa experiencia del amor de Dios son nuestra familia espiritual. En estas dos realidades de familia es necesario que se viva la Paternidad de Dios, ya que de ella brota la fraternidad entre los hermanos. En esta unidad, manifestada en el amor entre los hermanos, es donde se logra producir nuevos hijos espirituales.
Jesús en el Evangelio manifiesta su gran deseo de unidad, cuando en lo que se conoce como la oración sacerdotal Él dirige su voz al Padre diciendo: "Padre que todos sean uno para que el mundo crea" (Juan 17, 21).
Esto que pidió Jesús con tanta insistencia, y Él mismo nos concedió la posibilidad de vivirlo, cuando en la cruz logra la reconciliación con el Padre Dios: "Padre perdónalos no saben lo que hacen", lo vivieron los primeros cristianos y estamos llamados a vivirlo en nuestras comunidades.
"Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar". (Hechos 2, 44-47).
El demonio ataca en cualquier realidad de comunidad, de familia, y desde el principio él intervino para que la humanidad representada en Adán y Eva, rompiera la comunión con la fuente misma de la unidad: Dios nuestro creador. Él, en su esencia es unidad, es Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas y una sola familia, la familia Trinitaria.
Cuando Él nos crea narra el texto de Génesis 1, 26: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza": Él nos hace parte de su familia. En el "hagamos al hombre" Dios manifiesta la comunión de las Tres Divinas Personas para crearnos, somos creados por la familia Trinitaria. Esto quiere decir que nuestra imagen, la esencia misma de nuestro ser, es comunitaria; por dentro de cada hombre está el deseo de experimentarse familia.
Como preparación al Jubileo de la Misericordia, abramos nuestro corazón sin miedo a la misericordia del Padre Dios, digámosle que deseamos experimentarnos y descubrirnos hijos suyos, que su amor nos envuelva, solo así lograremos que nuestras familias natural y espiritual sean guiadas por la misericordia del Padre Dios.
Es la misericordia del Padre Dios la que dispone nuestro corazón para ser misericordiosos con nuestros hermanos y así vivir la familia de Dios. Gracias Señor por mi familia natural, mis padres, mi esposa, mis hijos, mis hermanos y gracias, muchas gracias por mi familia espiritual, la familia de la Casa de la Misericordia.
"Por eso doblo mis rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra." (Efesios 3, 14-15)
Es la paternidad de Dios la que le da identidad a nuestra familia humana y espiritual. Son los brazos del Padre Dios los que desean abrazar a cada uno de sus hijos, para que reconociéndonos hijos de Dios podamos igualmente, por Su Misericordia, experimentarnos hermanos de los que nos rodean y así construir la familia de Dios. Podemos afirmar que solo experimentando la ternura de Dios Padre, la familia de la tierra y del cielo descubre su verdadera vocación y realización.
El texto menciona dos tipos de familia que vamos a denominar la familia natural (tierra) y la familia espiritual (cielo). La natural son nuestros padres, hermanos, conyugue, hijos y la espiritual es la Iglesia Católica en general, pero nuestras comunidades en particular. Esta es la gran noticia, los hermanos con los que compartimos esa maravillosa experiencia del amor de Dios son nuestra familia espiritual. En estas dos realidades de familia es necesario que se viva la Paternidad de Dios, ya que de ella brota la fraternidad entre los hermanos. En esta unidad, manifestada en el amor entre los hermanos, es donde se logra producir nuevos hijos espirituales.
Jesús en el Evangelio manifiesta su gran deseo de unidad, cuando en lo que se conoce como la oración sacerdotal Él dirige su voz al Padre diciendo: "Padre que todos sean uno para que el mundo crea" (Juan 17, 21).
Esto que pidió Jesús con tanta insistencia, y Él mismo nos concedió la posibilidad de vivirlo, cuando en la cruz logra la reconciliación con el Padre Dios: "Padre perdónalos no saben lo que hacen", lo vivieron los primeros cristianos y estamos llamados a vivirlo en nuestras comunidades.
"Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar". (Hechos 2, 44-47).
El demonio ataca en cualquier realidad de comunidad, de familia, y desde el principio él intervino para que la humanidad representada en Adán y Eva, rompiera la comunión con la fuente misma de la unidad: Dios nuestro creador. Él, en su esencia es unidad, es Padre, Hijo y Espíritu Santo: tres personas y una sola familia, la familia Trinitaria.
Cuando Él nos crea narra el texto de Génesis 1, 26: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza": Él nos hace parte de su familia. En el "hagamos al hombre" Dios manifiesta la comunión de las Tres Divinas Personas para crearnos, somos creados por la familia Trinitaria. Esto quiere decir que nuestra imagen, la esencia misma de nuestro ser, es comunitaria; por dentro de cada hombre está el deseo de experimentarse familia.
Como preparación al Jubileo de la Misericordia, abramos nuestro corazón sin miedo a la misericordia del Padre Dios, digámosle que deseamos experimentarnos y descubrirnos hijos suyos, que su amor nos envuelva, solo así lograremos que nuestras familias natural y espiritual sean guiadas por la misericordia del Padre Dios.
Es la misericordia del Padre Dios la que dispone nuestro corazón para ser misericordiosos con nuestros hermanos y así vivir la familia de Dios. Gracias Señor por mi familia natural, mis padres, mi esposa, mis hijos, mis hermanos y gracias, muchas gracias por mi familia espiritual, la familia de la Casa de la Misericordia.
