Nuestro hogar un lugar donde habita Dios. Jesús, en Ti confío.
Querida Familia espiritual, reciban nuestro fraternal saludo en Cristo Jesús. Bendecimos a Dios Padre de quien procede y por quien existe toda Familia, Dios Trinidad es Familia, Comunidad de amor. Desde la Casa de la Misericordia Santa Faustina en Medellín, les acompañamos en esta experiencia la Familia Rua Villa. Somos una Familia Misionera en la Iglesia. Nuestro matrimonio es fruto de la Divina Misericordia. Llegamos a la Casa de la Misericordia a los 5 meses de habernos casado. Mi vida en los inicios de mi matrimonio era muy caótica, pero el Señor me miro con misericordia, me llamo y le dio a mi esposa la capacidad de esperar que El fuera trasformando mi vida.
Hemos tenido momentos muy alegres, también trechos del camino muy difíciles pero la Gracia de Dios no ha sostenido durante 18 años y medio de vida matrimonial. Tres grandes regalos nos llevaron los Sacerdotes que presenciaron nuestro Matrimonio y nos han acompañado desde nuestro día de Bodas: La Sagrada Biblia, luz en nuestro caminar; El Crucifijo, signo de la entrega total que se hace servicio y el Sagrado Corazón de Jesús, expresión del gran amor del Padre por la humanidad. Bendecimos a Dios por nuestros hijos María Camila y Mateo, regalo de Dios. Tendremos dos fuentes de apoyo para nuestra reflexión, el Salmo 128 uno de los canticos de las Subidas de los Israelitas a Jerusalén, ciudad Santa y lugar de la Presencia, la Adoración y los Sacrificios.
Nuestro hogar está llamado a ser Nueva Jerusalén, pequeña Sinagoga, Templo donde se experimenta la Presencia de Dios cuando a El elevamos nuestras plegarias y de El recibimos Gracia y Bendición. El Salmo 128 hace gran elogio y reconocimiento a la esposa, comparándola con la vid fecunda en medio de su hogar; agradecimiento a Dios por el regalo de los hijos biológicos o espirituales, comparándolos con el retoño de olivo, reunidos en torno a la mesa.
La vid produce la uva de la que se saca el vino que alegra el corazón; el olivo produce la aceituna de cual se extrae el aceite que desinfecta, sana y da fuerza al guerrero. La familia es la gran bendición para el hombre que ama al Señor y sigue sus Mandatos. Hemos querido destacar la mesa o comedor, como signo del lugar de encuentro para partir el pan material y también el pan espiritual de la Divina Palabra. La mesa del comedor, por más sencilla que sea, cuando la familia se reúne deja de ser una mesa más y se convierte en Altar.
Altar de la pequeña Iglesia domestica que es la familia, donde papa y mama, somos ministros (servidores) del Señor en virtud de nuestro Bautismo y nuestro Matrimonio, para santificar, catequizar y guiar a nuestros hijos con la autoridad que nos viene del mismo Dios. Un gran peligro en la modernidad, es que nuestros hogares dejen de ser hogar, hoguera, lugar del compartir las alegrías y las esperanzas y se reduzcan a casa hotel, donde solo se reciben servicios gratuitos o más económicos de alimentación y arreglo de ropa. De nuestra amada hermana santa Faustina, tomamos el numeral 401 de su Diario, en este pasaje nos relata las experiencias en una visita a su hogar, destacando que en su casa se reunían hasta 25 personas, se hablaba de Dios, se escuchaban, se divertían con historias de Santos y con el canto y la música que sus hermanos interpretaban bellamente; también sacaba tiempo para para la intimidad con Dios.
Su presencia en el hogar impactaba a los de dentro y también a los de fuera, Faustina era señal de la Presencia viva de Jesús, las mamas del vecindario llevaban a sus niños para que ella los tomara en brazos y los besara, esto le costaba un poco, por su gran humildad que la llamaba a pasar discreta, no era mujer de farándula, pero lo hacía con mucho amor para ejercitarse en la virtud. Recuerda que también a Jesús, le llevaban los niños para que les impusiera las manos y los bendijera.
En el corazón de santa Faustina, también había espacio para preocuparse por algunos integrantes de la familia que no amaban sinceramente a Dios y por ello les faltaba la alegría; también se preocupa por aquellas hermanas suyas que estaban alejadas de la gracia y lo relata con total libertad y lo que hace es orar y Jesús le responde garantizándole las gracias pedidas y aún más de lo que ha pedido. Nos enseña reconocer las luces y las sombras de nuestra familia, sin asustarnos, sin pretender proyectarnos como la superfamilia perfecta. Nos enseña a asumir nuestras realidades y llevarlas a su Corazón Misericordioso. La espiritualidad de lo cotidiano, vivir cada momento en Dios y con Dios, nos permite hacer de nuestra casa un lugar donde El habita siempre.
Fraternalmente, Andres Rua Zea y Patricia