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Seminario de Vida en la Misericordia Anuncio 4: La respuesta del hombre a la Misericordia

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Seminario de Vida en la Misericordia  Anuncio 4: La respuesta del hombre a la Misericordia

Anuncio 4, La Respuesta del hombre a la Misericordia Divina "A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él." (2 Corintios, 5, 2) Ver Catecismo en los numerales 619 al 623:

La redención de Cristo consiste en que Él “ha venido a dar su vida como rescate por muchos” (Mt 20, 28), es decir “a amar a los suyos [...] hasta el extremo" (Jn 13, 1) para que ellos fuesen “rescatados de la conducta necia heredada de sus padres” (1 P 1, 18). Cristo ha dado muerte al pecado, pero él no ha sido retenido por la muerte, Jesús es levantado por el Padre de entre los muertos y su resurrección nos llena de gozo y la comunicamos, como lo expresa la Liturgia bizantina, en el Tropario del día de Pascua: "Os anunciamos la Buena Nueva de que la Promesa hecha a los padres, Dios la ha cumplido en nosotros, los hijos, al resucitar a Jesús (Hch 13, 32-33). La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad cristiana como verdad central, transmitida como fundamental por la Tradición, establecida en los documentos del Nuevo Testamento, predicada como parte esencial del Misterio Pascual al mismo tiempo que la Cruz: Cristo ha resucitado de los muertos, con su muerte ha vencido a la muerte. Y a los muertos ha dado la vida.

(CEC # 638)

Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto (cf. Lc 24, 39; Jn 20, 27) y el compartir la comida (cf. Lc 24, 30. 41-43; Jn 21, 9. 13-15). Les invita así a reconocer que él no es un espíritu (cf. Lc 24, 39), pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado, ya que sigue llevando las huellas de su pasión (cf Lc 24, 40; Jn 20, 20. 27). (Ver 645)

Jesús Resucitado vence los peores enemigos del hombre: A Satanás: El príncipe de este mundo es echado fuera (Jn 12, 31) Al Pecado: Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado (Rom 8, 2) A La Muerte: ¿Dónde está, oh muerte tu victoria?¿Dónde está oh muerte tu aguijón? Gracias sean dadas a Dios que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo: (1 Cor 15, 55-57) Un Polo a tierra en medio de la Alegría: La Iglesia, en el magisterio de su fe y en el testimonio de sus santos, no ha olvidado jamás que "los pecadores mismos fueron los autores y como los instrumentos de todas las penas que soportó el Divino Redentor" (Catecismo Romano, 1, 5, 11; cf. Hb 12, 3).

( CEC #598) “Debemos considerar como culpables de esta horrible falta a los que continúan recayendo en sus pecados. Ya que son nuestras malas acciones las que han hecho sufrir a Nuestro Señor Jesucristo el suplicio de la cruz, sin ninguna duda los que se sumergen en los desórdenes y en el mal "crucifican por su parte de nuevo al Hijo de Dios y le exponen a pública infamia" (Hb 6, 6). (Catecismo Romano, 1, 5, 11).

Recordar que nuestro pecados, llevaron a Jesús a la Cruz, es muy necesario para mejorar nuestra respuesta a la Divina Misericordia. Jesús de múltiples maneras espera de nosotros y viene a nuestro encuentro a recordárnoslo, como lo hizo con Santa Margarita María Alacoque en el año de 1675:

“Mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegio, desprecio, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi Corazón más desgarradoramente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio”. Nuestra respuesta a la Misericordia, es la Fe; vivida como Confianza, y la Conversión que implica la praxis de Misericordia. “Si Confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu Corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo”. (Rom. 10, 9) “La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la iniciativa de Dios que se revela”. (CEC #166) “La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (cf. Jn 10, 3).

Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6). (DA 136) La Fe que nos pide el Señor, implica Creerle a Dios, Confiar en Dios y Depender de Dios. El alma rinde la mayor gloria a su Creador cuando se dirige con confianza a la Divina Misericordia. (DSF 930) La Firma en la Imagen de la Misericordia es: Jesús en ti confío (47) Miguel Fernández. Misionero Casa de la Misericordia.