Un día de octubre de 1937, en Cracovia, Jesús le habló a Santa Faustina, justamente en la hora de su agonía, y le trasmitió otra forma de culto de la Divina Misericordia.
Le dio el encargo de rendirle honor en esta hora de su muerte, pedido que repitió unos meses más tarde, en febrero de 1938, definiendo, la forma de vivirlo y renovando las promesas: Te recuerdo, hija mía que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada alma. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia (Diario 1572).
Por eso en este mes dedicado al Sagrado Corazón de Jesús durante esta Hora, dirijamos nuestra mirada al Corazón traspasado de Nuestro Señor Jesucristo.
Le dijo Jesús a Santa Faustina: "Has de saber hija mía, que mi corazón es la Misericordia misma. Desde este mar de Misericordia las Gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mí ha partido sin haber sido consolada. Cada miseria se hunde en mi Misericordia y de este manantial brota toda Gracia salvadora y santificante..." (Diario # 1777, p. 626)
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