Participación de la Casa de la Misericordia, en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia del Continente Americano

Del 27 al 30 de agosto, un grupo de 10 personas de la familia espiritual de la Casa de la Misericordia, que acompañan los procesos pastorales y comunitarios de la obra en Colombia, junto al fundador Juan Carlos Saucedo, el padre Ricardo Giraldo Múnera, asesor de la obra, y Miguel Fernández, coordinador Nacional de Pastoral, participaron en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia en el Continente Americano, que se realizó en Bogotá.
Cuatro días llenos de una experiencia eclesial Jubilar muy significativa, acompañados de más de 400 personas de América del Norte, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe. Reunidos con 15 Cardenales, obispos, sacerdotes, religiosas y laicos latinoamericanos, en una oportunidad única, para reflexionar, compartir y conocer las experiencias de una Iglesia que se abre para celebrar el don de la misericordia de Dios en el Continente Americano, en el contexto del Año Jubilar Extraordinario convocado por el papa Francisco , como gracia y testimonio de conversión personal, pastoral y misionera, y de servicio a los pueblos y naciones para una cultura del encuentro.
Días impregnados por un " Viento Impetuoso de Santidad", que nos permitió conocer los testimonios de los grandes santos americanos testigos de la misericordia en el continente, así como de peregrinar recorriendo un sector de Bogotá, como signo para dar testimonio de nuestra fe pública, para abrir nuestros ojos y mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sentirnos provocados a escuchar su grito de auxilio, atendiendo la invitación del Papa Francisco, en la Misericordia Vultus.
Momentos llenos de esperanza, de entrega y de un amor compasivo hacia el prójimo, pudimos evidenciar como misioneros de la misericordia y como comunidad que se nutre de la Espiritualidad de la Misericordia y del testimonio de Santa Faustina, modelo de misericordia, durante la visita que realizamos por grupos de trabajo, a diferentes obras de misericordia que realiza nuestra Iglesia Católica en la Arquidiócesis de Bogotá.
Damos gracias a Dios por esta experiencia única para el Continente Latinoamericano de este gran Jubileo Continental convocado y organizado por el Consejo Episcopal Latinoamericano(CELAM), en colaboración con los episcopados de Estados Unidos y Canadá, en la que pudimos reflexionar entre muchos otros temas, las exigencias y desafíos que se plantean para vivir en la Iglesia y en la sociedad este tiempo de misericordia; y para que nuestro testimonio sea creíble, y como nos exhortó el Papa Francisco, "para que donde quiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia”.
Momentos para hacer memoria los vividos en este Jubileo Continental, como también nos lo recordó el Papa Francisco en su video mensaje enviado: "repasando todas las veces que el Señor nos ha tratado con misericordia, y sigue apostando por nosotros: “ cuánto bien nos hace volver sobre esta verdad, repasar cómo el Señor a lo largo de nuestra vida se acercó y nos trató con misericordia, poner en el centro la memoria de nuestro pecado y no de nuestros supuestos aciertos, crecer en una conciencia humilde y no culposa de nuestra historia de distancias ‒ la nuestra, no la ajena, no la de aquel que está al lado, menos la de nuestro pueblo ‒ y volver a maravillarnos de la misericordia de Dios”.
Infinitas gracias damos a Dios por este gran Jubileo Continental de la Misericordia que será de gran bendición para seguir fortaleciendo la experiencia misionera de la obra, de "Encuentro Orante con la Palabra", a través de nuestra tarea evangelizadora con el Manual de los Misioneros de la Misericordia: "Misericordia día a día" como familia espiritual en Colombia, Panamá, Honduras y Atlanta, y a donde estamos llegando, y haciendo presencia, para seguir motivando esta experiencia de misericordia en las periferias existenciales de nuestros barrios, ciudadades y países, para encontrarnos con nuestros hermanos necesitados y llevarles el bálsamo de la Palabra de Dios que restaura, reconforta y devuelve la esperanza y la dignidad de hijos de Dios.
