La Puerta Santa de la Misericordia…

El 8 de diciembre, el Papa Francisco abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, y así dio inicion al Jubileo de la Misericordia. Ayer 13 de diciembre se abrió la Puerta Santa de San Juan de Letrán, Catedral de Roma y de las las catedrales del mundo.
La puerta santa de la Basílica de San Pedro representa a Jesús, el Buen Pastor, que nos ama y nos perdona. También se le conoce como la "Puerta del Perdón". La puerta tiene tallados que representan escenas de cómo las personas pecan, pero lo más importante, son escenas del Perdón de Dios. Esta puerta estará abierta todo el año, un recordatorio que Jesús siempre recibe a todos los pecadores, así como el padre del hijo pródigo de la parábola.

Historia de la Puerta Santa
Desde el año 1300, cuando el Papa Bonifacio VIII declaró el primer Año Santo, la Iglesia Católica ha celebrado regularmente "Años Santos", por lo general cada veinticinco años (por lo menos desde 1470), con excepción de circunstancias especiales, como en 1983, cuando fue declarado un Año Santo con motivo del 1950° aniversario de la muerte y resurrección de nuestro Señor.
La tradición de una puerta santa durante un jubileo se remonta al siglo XV. El Papa Martín V abrió la Puerta Santa por primera vez en la historia del Jubileo en 1423 en la Basílica de San Juan de Letrán.
Sus sucesores, especialmente el Papa Alejandro VI en 1499, mantuvo esta tradición y la extendió a las cuatro basílicas mayores, es decir, además de San Juan de Letrán, la Basílica de San Pedro en el Vaticano, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros.
Antes del jubileo del año 2000, era costumbre que el Sumo Pontífice abriera la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, y luego delegara este poder a un cardenal para la apertura de puertas en las otras tres basílicas.
El Papa Juan Pablo II rompió con esa tradición mediante la realización de la apertura y cierre de cada una de estas puertas él mismo. La Basílica de San Pedro siguió siendo la primera que se abre y la última en ser cerrada.
En 1975, el ritual de cierre y la apertura de la Puerta Santa cambió para resaltar mejor el símbolo de la puerta.
En cierto modo, hasta 1975, el rito enfatizaba la pared que impedía el acceso, en tiempos normales, a la Puerta Santa.
El acto de inauguración consistía en la demolición de la pared, que destacaba además el lado excepcional del Jubileo. Por lo tanto, el simbolismo unido a las herramientas de albañilería usadas: un martillo para golpear la pared, una paleta para la construcción, ladrillos con inscripciones y marcas de pontificado, el agua bendita para bendecir las piedras y ladrillos, monedas con la efigie del Papa, nos permiten datar la construcción del muro de la Puerta Santa.
En la Navidad de 1975 se hicieron modificaciones al rito de cierre de la Puerta Santa. El Papa ya no usa la llana y ladrillos para comenzar la reconstrucción de la pared, sino se limitó a cerrar los dos lados de la puerta de bronce.
A pesar que la pared que cerraba la puerta fue reconstruida en el interior de la Basílica, el simbolismo fue cambiado para llamar la atención sobre la puerta y no tanto sobre la pared.
¿Cuál es el significado de la Puerta Santa ?
Un aspecto importante del Año Santo ha sido el de la peregrinación a Roma para hacer reparación por el pecado y la renovación de la conversión de la vida de cada uno.
Un acto simbólico muy importante realizado por cada peregrino es pasar por la Puerta Santa.
Cristo se identificó a sí mismo como "la puerta". En su bula Incarnationis Mysterium el Papa Juan Pablo II declaró que la Puerta Santa:
"... evoca el paso del pecado a la gracia de la que todo cristiano está llamado a realizar. Jesús dijo: "Yo soy la puerta" (Juan 10: 7) con el fin de dejar claro que nadie puede venir al Padre, sino por medio de Él. Esta designación que Jesús se aplica a sí mismo atestigua el hecho de que sólo Él es el Salvador enviado por el Padre. Sólo hay una manera de que se abra ampliamente la entrada a esta vida de comunión con Dios: Este es Jesús, el camino y la absoluta salvación. A Él solo se pueden aplicar las palabras del salmista: 'Esta es la puerta del Señor, donde los justos pueden entrar' (Salmo 118: 20)."
Por lo tanto pasar a través de la puerta desde el exterior de la Basílica de San Pedro, o de cualquier basilica, es pasar de este mundo a la presencia de Dios, al igual que en el antiguo Templo de Jerusalén, el sumo sacerdote en la fiesta de Yom Kipur pasa a través del velo que cubre la entrada del Santo de los Santos para entrar en la presencia de Dios para ofrecer el sacrificio de expiación.
Por otra parte, pasar por la puerta es confesar con firme convicción que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Señor y el Salvador que sufrió, murió y resucitó para nuestra salvación.
Con valentía, una persona decide libremente cruzar el umbral dejando atrás el reino de este mundo para entrar en la nueva vida de la gracia del Reino de Dios.
En la apertura de la puerta, el Santo Padre golpeaba tradicionalmente la puerta tres veces con un martillo de plata, pero la última vez ese el Papa Juan Pablo II golpeó tres veces la puerta.
El golpe de la puerta también tiene un significado simbólico: Moisés golpeó la roca para que el agua se derramara milagrosamente para saciar la sed del pueblo (Números 20: 6 ss).
El Año Santo es un tiempo cuando Dios derrama abundantes gracias para saciar la sed de nuestras almas.
Dios hizo temblar la tierra para liberar a San Pabo y Silas de la prisión, que se tradujo en que el carcelero y su familia pidieran el bautismo (Hechos 16: 25ss).
Dios ha golpeado el corazón de ellos abriéndolo a sus gracias, empezando por la gracia salvadora del bautismo.
Como cuando nuestro Señor colgado en la cruz fue golpeado por el soldado en su Sacratísimo Corazón, y fluyó sangre y agua, símbolos de la Eucaristía y el Bautismo (Juan 19: 31f) que nutren cada una de nuestras almas, el llamado a la puerta simboliza la liberación de gracias, que fluyen abundantemente a los fieles.
Por otra parte, cuando se abre la puerta, los obstáculos de paso a nuestro Señor son eliminados.
Durante el Año Santo, esperamos y oramos para que los obstáculos de la debilidad personal, la tentación y el pecado sean eliminados de manera que tengamos una santa unión con nuestro Señor.
El Papa Francisco explica el significado de la Puerta Santa:
Delante de nosotros se encuentra la gran puerta de la Misericordia de Dios, que acoge nuestro arrepentimiento ofreciendo la gracia de su perdón. La puerta es generosamente abierta, pero nosotros debemos valerosamente cruzar el umbral.
Del Sínodo de los Obispos, que hemos celebrado el pasado mes de octubre, todas las familias, y la Iglesia entera, han recibido un gran aliento para encontrarse bajo el umbral de esta puerta. La Iglesia ha sido animada a abrir sus puertas, para salir con el Señor al encuentro de sus hijos y de sus hijas en camino, a veces inciertos, a veces perdidos, en estos tiempos difíciles. Las familias cristianas, en particular, han sido animadas a abrir la puerta al Señor que espera para entrar, trayendo su bendición y su amistad.
El Señor no fuerza jamás la puerta: Él también pide permiso para entrar, como dice el Libro del Apocalipsis: «Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos" (3,20). Y en la última gran visión de este Libro, así se profetiza de la Ciudad de Dios: «Sus puertas no se cerrarán durante el día», lo que significa para siempre, porque «no existirá la noche en ella» (21,25). Existen lugares en el mundo en los cuales no se cierran las puertas con llave. Pero existen tantos otros donde las puertas blindadas se han convertido en normales. Esto no nos sorprende; pero, pensándolo bien, ¡es un signo negativo! No debemos rendirnos a la idea de tener que aplicar este sistema en toda nuestra vida, en la vida de la familia, de la ciudad, de la sociedad. Y mucho menos en la vida de la Iglesia. ¡Sería terrible! Una Iglesia inhóspita, así como una familia cerrada en sí misma, mortifica el Evangelio y marchita el mundo.
La gestión simbólica de las "puertas" – de los umbrales, de los caminos, de las fronteras – se ha hecho crucial. La puerta debe proteger, cierto, pero rechazar. La puerta no debe ser forzada, al contrario, se pide permiso, porque la hospitalidad resplandece en la libertad de la acogida, y se oscurece en la prepotencia de la invasión. La puerta se abre frecuentemente, para ver si afuera esta alguno que espera, y tal vez no tiene la valentía, o ni siquiera la fuerza de tocar. La puerta dice muchas cosas de la casa, y también de la Iglesia. La gestión de la puerta necesita un atento discernimiento y, al mismo tiempo, debe inspirar gran confianza. Quisiera expresar una palabra de agradecimiento para todos los vigilantes de las puertas: de nuestros condominios, de las instituciones cívicas, de las mismas iglesias. Muchas veces la sagacidad y la gentileza de la recepción son capaces de ofrecer una imagen de humanidad y de acogida de la entera casa, ya desde el ingreso. ¡Hay que aprender de estos hombres y mujeres, que son los guardines de los lugares de encuentro y de acogida de ciudad del hombre!
En verdad, sabemos bien que nosotros mismos somos los custodios y los siervos de la Puerta de Dios, que es Jesús. Él nos ilumina en todas las puertas de la vida, incluso aquella de nuestro nacimiento y de nuestra muerte. Él mismo ha afirmado: «Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento» (Jn 10,9). Jesús es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios es un amparo, no una prisión! Son los ladrones, aquellos que tratan de evitar la puerta, porque tienen malas intenciones, y se meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas. Nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si sentimos su tono de voz, estamos seguros, somos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro. En este hermoso discurso de Jesús, se habla también del guardián, que tiene la tarea de abrir al buen Pastor (Cfr. Jn 10,2). Si el guardián escucha la voz del Pastor, entonces abre, y hace entrar a todas las ovejas que el Pastor trae, todas, incluso aquellas perdidas en el bosque, que el buen Pastor ha ido a buscarlas. Las ovejas no los elige el guardián, sino el buen Pastor. El guardián – también él – obedece a la voz del Pastor. Entonces, podemos bien decir que nosotros debemos ser como este guardián. La Iglesia es la portera de la casa del Señor, no la dueña.
La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene amparo, para quien huye del peligro. Las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios. Es así que la Iglesia deberá ser reconocida, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios que toca, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta, con la excusa que no eres de casa.
Fuentes:
https://www.aciprensa.com/noticias/asi-se-podra-obtener-indulgencias-durante-el-ano-de-la-misericordia-44578/
http://forosdelavirgen.org/99144/puerta-santa/
