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La Novena en el Tiempo de la Misericordia. Parte 2

El Triunfo de la Divina Misericordia

La Novena en el Tiempo de la Misericordia.  Parte 2
"Bendice al Señor, alma mía, quien te corona por bondad y por misericordia" (Sal 102, 2 y 4) En 2014 el Papa Francisco decía proféticamente, hablando a a los sacerdotes de Roma: “También en este tiempo estoy seguro, y no solamente en la cuaresma, nosotros estamos viviendo un tiempo de la misericordia. Desde hace treinta años o más hasta ahora. En toda la Iglesia es el tiempo de la misericordia. Esta ha sido la intuición del beato Juan Pablo II. Él ha tenido la intuición que este es el tiempo de la misericordia. Pensemos en la beatificación y en la canonización de sor Faustina Kowalska, después introdujo la fiesta de la Divina Misericordia. Y poco a poco ha ido adelante con esto. En la homilía de la canonización que tuvo lugar en el 2000, Juan Pablo II subrayó que el mensaje de Jesucristo a sor Faustina se coloca temporalmente entre dos guerras mundiales y está muy unido a la historia del siglo XX. Y mirando al futuro dijo: “¿Qué nos depararán los próximos años? ¿Cómo será el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, además de los nuevos progresos, no faltarán, por desgracia, experiencias dolorosas. Pero la luz de la misericordia divina, que el Señor quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminará el camino de los hombres del tercer milenio”. Aquí especifica en el 2000 pero en su corazón maduraba desde hacia tiempo, en su oración, toda esta intuición.” (marzo 6, 2014) Los acontecimientos vividos en los últimos años y la Solemne Consagración al Inmaculado Corazón de María realizada por el Papa Francisco el 25 de marzo de este año, ameritan reflexiones en esta Novena sobre el Triunfo esperado de la Divina Misericordia, acorde a la exhortación hecha por el Señor: “La Humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi Misericordia” (Diario 300, ver tambien 699) Esa es nuestra motivación en esta Novena, clamar el Reinado de la Divina Misericordia en la Novena y cantarla en la Fiesta, como canta el Salmista "El Señor es grande y digno de toda alabanza, en la ciudad de nuestro Dios y en su monte santo. [...] Él reinará sobre nosotros para siempre" (Sal 47, 2 y 15). San Juan Crisóstomo comenta hermosamente estos versículos del Salmo 47, este salmo que canta "el regocijo universal por el reino universal de Dios": “No dejemos de considerar y contemplar en nosotros mismos a Jerusalén, nuestra verdadera ciudad. Siempre tengamos ante nuestros ojos la belleza de esta ciudad, que es la metrópoli del Rey de los siglos, y que reúne en su seno a los espíritus de los justos, los coros de los patriarcas, de los apóstoles, de todos los santos, donde la movilidad de las cosas de la tierra da paso a la inmutabilidad, donde toda belleza es invisible e inmortal. Solo estos la recibirán como una herencia que estará completamente separada de todos los bienes fugaces y corruptibles de la vida actual, es decir, las riquezas, los placeres y todos estos deleites perniciosos inventados por el demonio. Por tanto, desarrollemos la caridad fraterna día a día, el amor por nuestro prójimo, ejercitemos la hospitalidad con más atención a los pobres, perdonemos las injurias desde el fondo de nuestro corazón; así, después de una vida llena de obras agradables a Dios, seremos herederos del reino de los cielos en Jesucristo Nuestro Señor, a quien pertenece la gloria y el imperio con el Padre y el Espíritu Santo, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos". El Papa Francisco, en el acto solemne de Consagración de la humanidad al Inmaculado Corazón de Maria, oraba y denunciaba como profeta de la Misericordia para este tiempo: “Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor. En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo.” (marzo 25, 2022) Ciertamente estamos en un tiempo de misericordia, en el cual el Señor nos ha encargado esta humanidad que "ha perdido la senda de la paz”. Tales circunstancias nos urgen a clamar y testimoniar la Misericordia en esta Novena preparatoria a la Fiesta de la Divina Misericordia sumergiendo en el océano de la Misericordia el mundo que sufre según las diversas peticiones de la Novena. Cada día le presentamos a la Divina Misericordia aquella persona que Jesús ha puesto bajo nuestro cuidado según la intención propuesta por el mismo Señor a santa Faustina para cada día de la Novena. Para clamar para ella el “Triunfo de la Divina Misericordia” en su alma. Pbro. Padre Ricardo Giraldo Munera Asesor CDLM