Hay Fiesta por el Triunfo de la Misericordia

Debemos tener Presente que la Misericordia nos sale al encuentro, nos pide confianza, no huyamos de los brazos salvadores de Dios Padre, no nos rehusemos al Corazón amoroso de Dios, es Él quien dijo a Santa Faustina en bien nuestro:
“Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso”. (DSF # 1588)
La humanidad doliente hoy se muestra en tres movimientos que han sacudido a nuestra historia reciente y que erosionan con la confusión a un nivel complejo:
- La Pelea con Dios: Dios ha muerto: De finales del 1800
Nietzsche quien, con seriedad mortal, anuncia con un estridente grito de espanto:
“¡Dios ha muerto! ¡Sigue muerto! ¡Y nosotros lo hemos asesinado!”. Cincuenta años después se habla ya del asunto con una serenidad casi académica y se comienza a construir una “teología después de la muerte de Dios”, que progresa y anima al hombre a ocupar el puesto abandonado por Dios. (Josep Ratzinger. 1969)
- La Pelea con los hermanos: La Lucha de clases, Marx introdujo “el odio como factor de lucha”, en esto encontramos un movimiento que volvió el resentimiento y el odio como vehículo, la cultura moderna y posmoderna una vez ha quitado a Dios del camino, decretando su muerte; entonces ha sembrado la falacia que los hombres no son hermanos sino enemigos, marcados por relaciones de competencias, opresivas, de desventajas y todo esto ha dejado una gran desconfianza. Ha creado una humanidad sin el Padre Dios mientras busca su falaz puente de unión en una fraternidad universal sin el Padre Dios.
- La pelea con nosotros mismos, es de alguna manera la pelea con el propio cuerpo, la falacia y acientífica ideología de género, que responsabiliza de fóbicos a quienes no ceden a lo irracional. Esa particular confrontación consigo mismo, está en la creatura que ya no se acepta determinada por su naturaleza, sino que vive de percepciones, un hombre atrapado en cuerpo de mujer y una mujer atrapada en cuerpo de hombre, un perro atrapado en cuerpo de hombre (llamado transespecie), hasta el colmo de una mujer que se casa con una estación de tren con la que puede tener sexo mental. Es decir, el hombre emprendió la guerra consigo mismo, esto mismo lo podemos advertir en la tragedia del aborto que convierte el propio vientre en una tumba, un enfermo amor de sí que termina hasta el desprecio de sí.
Necesitamos que la Misericordia actúe:
La Palabra de Dios nos dice:
- El Padre Dios interviene, enviando a su Hijo
"Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él." (Jn 3, 14-17)
Mt 13, 45: La Parábola de la Perla fina nos recuerda que el mercader compra la perla, vendiendo todo lo que tiene. Jesús ha descendido a la profundidad del Mar frio y oscuro donde los hombres nos sumergimos, esa imagen es el pecado, la muerte y las fuerzas del demonio que nos aprisionan, hasta esas profundidades ha descendido y ha pagado con su Sangre por nuestra salvación.
“Sí, Jesús ha muerto, ha descendido a la profundidad misteriosa a la que la muerte nos conduce. Ha marchado hacia la soledad más extrema, donde nadie nos puede acompañar. En efecto, `estar muerto` comporta ante todo la pérdida de la comunicación, una soledad en la que el amor ya no puede avanzar. En ese sentido, Cristo fue `al infierno`, cuya esencia es justamente la privación del amor, la separación de Dios y de los hombres. Pero allí donde llega Él, el `infierno` deja de ser infierno, puesto que él mismo es la vida y el amor, puesto que él es el puente que une al hombre y a Dios y, por eso mismo, también a los hombres entre ellos. Así, el descenso es al mismo tiempo también transformación: ya no existe la última soledad”.
¡La Misericordia de Dios no nos da por perdidos!
“Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde”. (DSF 1448)
Confiar en la Misericordia, activar una fe capaz de actualizar los efectos de la entrega de Cristo.
“…le doy a la humanidad la última tabla de salvación, es decir, el refugio en Mi misericordia”. (DSF 988)
Contemplar la Pasión de Cristo, Implorar, reparar, interceder. Seamos un ejército que ora con la Coronilla de la Misericordia.
El consolador mensaje que recibimos de esos textos bíblicos es la certeza de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que el que vence al final es Cristo ¡Siempre! La Iglesia no se cansa de proclamar esta Buena Nueva.
Por Miguel Fernández Coord. Nacional CDLM
