Experiencia 9: Sanando la etapa de la niñez.
Diario de Santa Faustina numeral 335. Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunte: Jesús, ¿Por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño? Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor. Jesús me contesto que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataría conmigo como a un niño pequeño. La soberbia es muy común y de hecho es considerado una de las actitudes que no nos deja avanzar en el crecimiento espiritual.
Para esta etapa es necesario recordar momentos de nuestra infancia que pudieron haber influido en ese comportamiento y en muchos otros que hoy en día afectan nuestra relación con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Teniendo en cuenta las edades entre los 2 hasta los 12 años.
Las etapas que se desarrollan durante este tiempo son las siguientes: El niño pequeño 2 - 3 años autonomía Vs vergüenza y duda.
Edad del juego 3 – 5 años iniciativa Vs culpa Edad escolar 6 - 12 años laboriosidad Vs inferioridad.
La psicóloga Valeria Sabater en su artículo “traumas en la niñez y depresión en el adulto” se refiere a que cada una de estas edades son importantes porque señalan gran parte de nuestra personalidad, la visión y el rumbo de nuestra vida.
En este punto es clave el vínculo con la relación con nuestros cuidadores “padres” que nos guían, cuidan y arropan ya que ellos nos ofrecerán crecer con seguridad y autonomía.
Pero también hay una serie de actitudes reflejadas en la edad adulta cuando esas etapas no fueron bien manejadas: Una vida introvertida Fría – distante Un adulto que no merece ser feliz. A tal punto de no querer vivir.
Pérdida de confianza consigo misma y con todo lo que le rodea Le cuesta tener relaciones afectivas (siguen temiendo a ser traicionadas, heridas) En algunos momentos piensan que no lo merecen y lo rechazan Sienten miedo ante las muestras de amor de los demás Todo esto lleva a una ANSIEDAD CRÓNICA.
Pero gracias a Dios hay maneras de poder sanar esas heridas que, aunque fueron causadas en la niñez se manifiestan en acciones concretas: Utilizando la imaginación, con el ojo interior volver a aquel evento y cuando esté en el momento más difícil, invitar a Jesús y dejar que él hable en esa situación.
Es aconsejable que alguien esté al lado apoyando en la oración. La oración de alabanza también es de sanación pues se le da toda la gloria y poder a Dios, es como una oración infantil donde se hace alarde del amor de papá.
Escribir es un buen ejercicio para sacar todos aquellos sentimientos negativos, y luego dejar que Jesús hable con el amor que solo Él sabe responder. Perdonar “Empezaron a llevarle niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos reprendían a quienes los llevaban. Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.
Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño de ninguna manera entrará en él». Y después de abrazarlos, los bendecía poniendo las manos sobre ellos.” (Marcos 10:13-16)
Fraternalmente; Lina Gallego
Misionera Casa de la Misericordia.
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