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Domingo de la Divina Misericordia

(Enriquecido con la indulgencia plenaria) II Domingo de Pascua

Domingo de la Divina Misericordia

(Subsidio litúrgico)

 

RITOS INICIALES

 

Monición inicial

 

Nos congregamos hoy, con particular júbilo y gratitud, para celebrar el II Domingo de Pascua, “el compendio de los días de la Misericordia” como afirma San Agustín.

Con esta celebración estamos cerrando la Octava de Pascua, el gran Domingo en que celebramos el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado.

Tal como lo estableció san Juan Pablo II, este día, desde el año jubilar 2000, lleva oficialmente por título “Domingo de la Divina Misericordia”, y, por su disposición se encuentra oficialmente enriquecido con la Indulgencia Plenaria, en respuesta a los actos de culto que hoy se rindan a la Misericordia de Dios.

Con estas disposiciones, san Juan Pablo II acogió generosamente el deseo manifestado por Nuestro Señor Jesucristo a Santa Faustina Kowalska, en su revelación el 22 de febrero de 1931, solicitando que el segundo Domingo de Pascua se dedicara de manera especial al misterio de la inconcebible Misericordia de Dios. (cfr. Diario 49)

   ¡Qué esta celebración sea para nosotros, y para el mundo entero, fuente de innumerables gracias brotadas de las entrañas de la Misericordia de Dios!

 

 

Monición para la Liturgia de la Palabra

Al instituir el Domingo de la Divina Misericordia, el Papa san Juan Pablo II no invitó a acoger la Liturgia de la Palabra de este día desde la perspectiva de la Misericordia.

 

Dejemos que sea el propio san Juan Pablo II quien, a través de sus palabras, nos oriente en la forma en que desea celebremos esta liturgia: “Es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua (…) A través de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia que, a la vez que reconstruye la relación de cada uno con Dios, suscita también entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos enseñó que "el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a "usar misericordia" con los demás: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia".

 

¡Que estas palabras de san Juan Pablo II guíen nuestra mente y nuestro corazón a lo largo de esta celebración.

 

 

Oración de los Fieles

Hermanos, presentemos nuestras súplicas al Padre Eterno, quien a través del Verbo Encarnado, nos ha dado a conocer el abismo de Su misericordia. Reconociéndonos hijos infinita e incondicionalmente amados, pidámosle con confianza:

R/ Padre Eterno, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

 

Por el mundo entero. Para que comprenda y acoja el mensaje de la Divina Misericordia, el cual nos invita a una vida basada en el espíritu de confianza en Dios y, de permanente práctica de misericordia hacia el prójimo. Roguemos al Señor.

 

Por nuestro país. Para que continúe siendo abundantemente bendecido y protegido por Dios, conservándolo como un país libre y soberano, donde se respetan los derechos humanos desde el momento de la concepción. Roguemos al Señor.

 

Por nuestros gobernantes y legisladores. Para que escuchando el llamado de Jesús: “El mundo no encontrara la paz hasta que se dirija con confianza a mi Misericordia” (Cfr. Diario 699) con la gracia del Espíritu Santo, puedan comprender que ningún proyecto humano podrá jamás superar en perfección, sabiduría, justicia y amor, al proyecto de Dios para con la humanidad. Roguemos al Señor.

 

Por nuestra Iglesia, fundada por Cristo. Para que, acogiendo con generosidad y sabiduría el ardiente deseo de la Divina Misericordia, difunda en el mundo entero, con coraje y renovado vigor, este mensaje de la misericordia, ya que, en sus propias palabras: “en la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad”. Roguemos al Señor.

 

Por todas las familias del mundo. Para que, por medio del ejercicio cotidiano de la misericordia; manifestada en el amor gratuito, incondicional, siempre dispuestas al diálogo y al perdón, encuentren la unión, la paz y la felicidad. Roguemos al Señor.

 

Por todos los jóvenes del mundo. Para que se percaten de la gran necesidad que tienen Cristo y el mundo, de respuestas valientes y generosas a las vocaciones sacerdotales y religiosas. Roguemos al Señor.

 

Por quienes sufren por causa de la pandemia actual. Para que Dios Padre conceda la salud a los enfermos, fortaleza a quienes los cuidan, consuelo a las familias. Que mientras dura esta tribulación, todos puedan encontrar alivio en la Divina misericordia

 

Por los que han muerto en esta pandemia y por otras circunstancias. Para que hasta ellas lleguen los torrentes de misericordia que hoy brotan de manera extraordinaria desde las entrañas de Dios, y sean acogidos en la paz del Padre misericordioso. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros, acá reunidos. Para que, con nuestras vidas, podamos siempre reflejar el amor misericordioso de Dios, contribuyendo así a la construcción de una sociedad más justa, solidaria, pacífica y feliz. Roguemos al Señor.

 

Oremos.

Señor, que por Tu infinita misericordia nos has creado, redimido, y nos tienes dispuesta la gloria eterna, haz que demos en esta vida abundantes frutos de misericordia, para que el mundo Te pueda conocer a través de nuestras

 

 

RITOS CONCLUSIVOS

 

  1. Puede hacerse en este momento el acto de veneración de la Imagen con incensación y el rezo de las Letanías (Diario 949-951).

 

  1. Acto de confiar el Mundo a la Divina Misericordia (San Juan Pablo II)

Dios, Padre Misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del Mundo, de nuestra patria y de todo hombre. Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.

Padre eterno, por la dolorosa pasión y gloriosa Resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.

 

  1. Bendición del pueblo

Puede hacerse en este momento la bendición de las imágenes traídas según el ritual.

 

Monición de envío

 

Como los apóstoles, en esta celebración hemos sido fortalecidos al encontrarnos con Cristo Glorioso y Resucitado quien nos ha brindado abundantemente el don de la consolación del Espíritu Santo.

 

Confiar en Jesús no es un sentimiento pasajero, sino una elección: vivir como hijos de Dios, siendo misericordiosos como él [Lucas ,3)], en casa, la escuela, el trabajo, con los vecinos, los amigos, los que nos rodean, y los más necesitados, ayudándoles a tener una vida digna, a progresar, a encontrar a Dios y ser felices.

 

Hagámonos este propósito como fruto de esta Fiesta de la Divina Misericordia. Así comprobaremos aquello que Jesús dijo a santa Faustina Kowalska: “El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella… Mi amor no desilusiona a nadie” [Diario 127;y 29].

 

Cultivemos por lo tanto una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, habiendo obtenido de Dios el perdón de nuestros pecados, vayamos pues, llenos de gozo, acogiendo la invitación que nos hace de ser testigos de la misericordia en medio del mundo, perdonando a la vez generosamente a nuestros hermanos.

 

¡A llenar de Misericordia nuestros hogares, vecindario lugar de estudio o trabajo, el mundo entero!

 

Pbro. Ricardo Giraldo M. ses Asesor Espiritual CDLM