Discipulado - Para ir tras sus huellas
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Documento de Aparecida No. 31
“Al día siguiente, estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dice: Ahí está el Cordero de Dios. Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús, "Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?” Ellos le respondieron: “Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?” "Les respondió: “Venid y lo veréis”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día.
(Jn 1, 35-39) El Evangelista San Juan nos plasma el impacto que produjo la Persona de Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron; Juan y Andrés. Sin embargo, todo comienza con una pregunta precedida por una actitud: “Y al ver que venían detrás les dice: ¿Qué buscan?” (Jn1, 38) a esa pregunta siguió la invitación de seguir sus huellas: “Vengan y verán” (Jn 1, 39)
Tratar el tema del seguimiento de Jesús es afrontar el tema por excelencia de lo que es estructural en el proyecto del Señor y en sí es también lo que nos identifica como cristianos. Dios nos llama a vivir nuestra experiencia de fe a través del seguimiento de Jesús. En el decreto “Perfectae Caritatis” del Concilio Vaticano II, se nos presenta el seguimiento de Jesús como norma última y regla suprema de la vida (religiosa).
(PC 2a). Un ejemplo esclarecedor del seguimiento lo encontramos en San Francisco de Asís, el comprendió que lo prioritario y fundamental para su vida era sobre todo seguir las huellas de Nuestro Señor Jesucristo, es decir, poner el pie donde Él lo puso (literalmente) y esto solo es posible sí nos tomamos en serio el evangelio; ello fue tan claro para San Francisco que en su Segunda Regla define la identidad de un fraile menor en su comunidad así: “La regla y vida de los hermanos menores es: Guardar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo…”
Se trata entonces de Seguir al Señor, ir tras sus huellas, poner nuestros pies en las huellas de Jesús, es sentir las profundidades de las pisadas del Señor, es sentir la hondura de su amor al vivir, al amar, al perdonar, al orar, al conformar la familia de hermanos para construir el Reino de Dios.
Precisamente el Documento de Aparecida en el numeral 244 nos dice: “La naturaleza misma de cristianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo. Esta fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron llenos y fascinados de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante todo como los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones”.
El texto bíblico nos aclara como en el discipulado Jesús va transmitiendo su estilo de vida a los discípulos y cómo ellos lo van asumiendo. El verso 39 nos descubre un rasgo del discipulado; ir detrás del Maestro, seguirlo, pero es un seguimiento que supera un simple ir detrás o abandonar la casa como a la vieja y común realidad que queda superada, porque seguirlo “es quedarse con Él desde aquel día” (Jn 1, 39).
Se trata de un permanecer con Él, lo cual implicaba una convivencia continuada, los discípulos no sólo tenían que aprender unas enseñanzas, una teoría, una serie de leyes y recomendaciones, sino que debían vivenciar, ser testigos, meter en la propia carne la experiencia del amor y la enseñanza de Jesús.
Definir esto, será preciso a fin de que el discipulado no termine como sucedió con Judas Iscariote, en una traición de la relación hasta la desesperación (Lc 22, 21) o con Ananías y Safira; en una mentira, como es bien conocida aquella frágil respuesta discipular que podemos catalogar como mediocridad e incapacidad de darlo todo (Hch 5, 1-11).
Nuestra respuesta tendrá que ver con un estilo de vida diferente en donde sea posible un cambio desde dentro, y ello se llama conversión sincera del corazón, lo cual permitirá que Cristo se refleje y nuestro testimonio sea creíble. Así se puede inferir a partir del texto, que hacerse detrás del Señor no supone necesariamente ser discípulo suyo como lo expresa el gesto y la claridad de Jesús en el verso 39, no es algo que habilitemos a mera liberalidad y antojo por nuestra parte, por el contrario, es preciso que Jesús se vuelva, los mire e inicie el diálogo, es decir, se trata de entrar en comunicación con el Señor: "Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: “¿Qué buscáis?”.
Santa Faustina manifiesta su deseo de ser transformada toda en la Misericordia del Señor, en su oración le pide la gracia al Señor, de ser un vivo reflejo Suyo, de tal forma que el más grande atributo del Dios, es decir, Su Misericordia, pase a través de su corazón al prójimo (DSF163).
