Discipulado - Discípulos a ejemplo de nuestra Madre
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| Domingo, 25 Octubre 2020 CDLM General

Juan 19, 25-27 "María junto a la cruz" Hechos 1, 12-14. "María acompaña a la Iglesia naciente, su oración es constante" Hechos 2, 1-12 "Pentecostés"
Apocalipsis 12, 1-12 "María nos ayuda en la batalla contra el mal"
Hoy más que nunca estamos necesitando una "Madre para nuestros tiempos de orfandad", al respecto nos recuerda el Papa Francisco : “Las madres son el antídoto más fuerte ante nuestras tendencias individualistas y egoístas, ante nuestros encierros y apatías.Una sociedad sin madres no sería solamente una sociedad fría sino una sociedad que ha perdido el corazón, que ha perdido el «sabor a hogar». Una sociedad sin madres sería una sociedad sin piedad que ha dejado lugar sólo al cálculo y a la especulación. Porque las madres, incluso en los peores momentos, saben dar testimonio de la ternura, de la entrega incondicional, de la fuerza de la esperanza” (Cfr. Papa Francisco, homilía 01 de Enero de 2017)
María nos insta a colaborar con Jesús en la obra de salvar las almas, aceptando la misión apostólica confiada por Cristo, de proclamar al mundo el misterio de la Misericordia Divina y de implorar la misericordia de Dios para el mundo entero. (DSF 635, 325). Así como María exalta la grandeza de la misericordia divina en su “primera misión” (Visita a Isabel, de igual forma, el corazón del misionero hablará del gran amor de su vida a aquellos a los que es enviado, dándoles testimonio de las maravillas que Dios ha hecho en su vida...) “Nadie ha experimentado, como la Madre del Crucificado el misterio de la cruz, el pasmoso encuentro de la trascendente justicia divina con el amor: el « beso » dado por la misericordia a la justicia.
Nadie como ella, María, ha acogido de corazón ese misterio: aquella dimensión verdaderamente divina de la redención, llevada a efecto en el Calvario mediante la muerte de su Hijo, junto con el sacrificio de su corazón de madre, junto con su « fíat » definitivo.” María pues es la que conoce más a fondo el misterio de la misericordia divina. Sabe su precio y sabe cuán alto es.” (Cfr. Dios Rico en Misericordia # 9 , San Juan Pablo II )
“Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos siempre de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!” Amén
Fraternalmente,
Rubén Darío Rodríguez Misioneros / Coord. Casa de la Misericordia Hogar Jesús Buen Samaritano Sur Occidente Bogotá
