Celebrando la Fiesta de la Divina Misericordia.
El Domingo de la Divina Misericordia

- El Domingo de la Divina Misericordia
Durante el jubileo del año 2000 san Juan Pablo II estableció que en toda la Iglesia el domingo que sigue a la Pascua, (Segundo Domingo de Pascua) se denominara Domingo de la Divina Misericordia como Solemnidad litúrgica.
Esta decisión correspondía al pedido hecho por el Señor Jesús a santa Faustina el 22 de febrero de 1931, en Płock, Polonia: “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia (….) el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia” (Diario, 49).
El segundo Domingo de Pascua: El compendio de los días de la misericordia. (San Agustín)
San Agustín, constantemente repite que el segundo Domingo de Pascua, llamado “Dominica in albis”, tiene una estrecha relación con el misterio pascual. La Pasión, muerte y Resurrección de Cristo son la mayor manifestación de la Misericordia de Dios para con los pecadores, tanto de parte de Dios Padre, quien entrega a Su único Hijo por la redención de la humanidad entera, como de parte de Dios Hijo, quien asume obediente el sacrificio.
Es lo que explica san Agustín, predicando precisamente en este día, que se celebraba desde entonces como solemnidad particular: "Con la festividad de este día, concluimos las solemnidades pascuales, son las que hoy los neófitos cambian su vestido, pero cuidando de que el candor que ya está presente en el traje se conserve intacto dentro del corazón. En efecto no hay que olvidar que esta fiesta pertenece a los días pascuales, es decir a los días de la Misericordia y del perdón. Por este motivo la solemnidad que comprendía estos días se celebra en tal forma que no permita que amengüe la interior pureza aun cuando dejemos de lado los símbolos exteriores." (Sermo. 157 de tempore).
- La Fiesta de la Divina Misericordia.
En muchas oportunidades, el Señor pidió a través de santa Faustina y otras místicas, como sor María Teresa Desandais (+ 1943), sor Benigna C. Ferrero (+1916), Sor Josefa Menendez (1923), sor Consolata Betrone (+1946) se honrase su Amor misericordioso. Y de modo especial a santa Faustina pidiendo una fiesta a su Divina Misericordia, definiendo su lugar en el calendario litúrgico, el motivo y el objetivo de establecerla, así como el modo de prepararla y de celebrarla, enriqueciéndola con promesas de gracias para quienes lo celebrasen. (Véase Diario, 49, 88, 206, 299, 341, 420, 570, 699, 742, 965, 998, 1059, 1072, 1109, 1517).
El mismo Señor le explicó a santa Faustina el motivo por el cual pidió la Fiesta: “Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia. Si no adoran Mi misericordia morirán para siempre” (Diario, 965).
La finalidad de la fiesta es honrar el más grande atributo de Dios y animar a la Humanidad a aprovecharse de su efusión sobre esta pobre tierra.
La fiesta no es solamente un día de adoración especial de Dios en Su misterio de la misericordia, sino también un día en que Dios perdona y colma de gracias a todas las personas; como el mismo Señor dice a santa Faustina, “quien se acerque ese día a la Fuente de Vida, recibirá el perdón total de las culpas y de las penas.” (Diario, 300) y añade “Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; (….) que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata….” (Diario, 699)
La primera celebración de la Fiesta con veneración de la Imagen y predicación por parte del p. Miguel Sopoćko fue el 28 de abril de 1934 en Vilna, en la clausura del Año Santo de la Redención de 1933, convocado por el papa Pío XI el 24 de diciembre de 1932. Comenzó el Domingo de Pasión de 1933 y clausurado el siguiente año. (Ver Diario 420)
confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas... Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata... La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia.” (Diario, 699). El culto de este día ha de ser acompañado de la caridad en obras de misericordia (Diario, 742)
- Las gracias prometidas:
Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; (Diario 699).
Jesús desea ardientemente que la festividad de la Misericordia de Dios sea para todos los hombres, sobre todo para los pecadores, un remedio especialmente eficaz, incomparablemente eficaz, a ninguna otra forma de Devoción a la Misericordia de Dios:
“Di a las almas que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo solo y soporto la justa ira de Mi padre.., esta Fiesta ha brotado de las entrañas de Mi misericordia para el consuelo del mundo entero” (Diario, 1517)
“Refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de la penas.. Que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mi, aunque sus pecados sean como escarlata. La humanidad no conocerá la paz hasta que no se dirija a la fuente de Mi misericordia” (Diario, 699)
En tres oportunidades el Señor ofrece una gracia extraordinaria: el perdón
Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi Misericordia. (Diario 1109).
Y añade la promesa de la remisión total de las culpas y de las penas: “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario, 300).
El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de la penas. (Diario, 699)
San Juan Pablo II, además de decretar la Fiesta de la Divina Misericordia el segundo Domingo de Pascua, concedió la gracia de la Indulgencia Plenaria a quienes reciban la Sagrada Eucaristía, recen por las intenciones del Papa, y hagan, en cualquier iglesia u oratorio, un acto de devoción en honor de la Divina Misericordia, como participar en la Santa Misa o visitar al Santísimo Sacramento (expuesto o reservado en el Sagrario), recitando una invocación a la Divina Misericordia, como: "Jesús, en Ti confío" (Juan Pablo II, Homilía en la canonización de Faustina Kowalska, Domingo 30 de abril de 2000, n. 4, y Decreto "Misericors et miserator' de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los Sacramentos, 5 de mayo 2000).
Los enfermos y los que les asisten, así como aquellos que por causa justa no pueden abandonar su hogar o dejar de realizar alguna actividad inaplazable en bien de la comunidad, podrán alcanzar la indulgencia si, con la intención de observar tan pronto como sea posible las condiciones acostumbradas, recitan las oraciones antes mencionadas. Y si ni lo anterior fuera posible, bastará unirse espiritualmente a cuantos practican las obras prescritas, y elevar a Dios una oración, ofreciendo los sufrimientos y dolores de la propia enfermedad y las dificultades de la vida, con el propósito de observar, tan pronto como sea posible, las condiciones antes mencionadas (Cfr. Decreto de la Penitenciaría Apostólica, 13 de junio de 2002)
- Para observar fielmente la Fiesta debemos:
La abundante efusión de gracias extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran su grandeza. Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia, confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil”. (Diario, 742), estar en estado de gracia y recibir dignamente la Santa Comunión.
- Prepararnos con la Novena. (Con la Novena; Diario 1209; con coronilla, Diario 796; con Adoración, Diario, 1041)
- Arrepentirnos sinceramente de todos nuestros pecados y confesarnos, preferiblemente antes de la Fiesta. (Diario 699, 1109)
- Celebrarla en el Segundo Domingo de Pascua. (Diario 49, 88, 280, 299, 420, 570, 699, 742)
- Recibir la Santa Eucaristía el día de la Fiesta. (Diario 699, 1099)
- Venerar la Imagen del Señor Misericordioso, (Diario, 49, 88, 742)
- Expresar nuestra completa confianza en Jesús (Diario 570) y
- Ser Misericordiosos con otros con nuestros actos, palabras y oraciones. (Diario 742; 1209)
Además, Jesús pide que este día los sacerdotes hablen de la Misericordia de Dios (cfr. Diario, 50, 570)
- La novena preparatoria a la Fiesta de la Divina Misericordia.
Debo empezar una Novena (Diario 1209)
El Señor primero le pidió a santa Faustina una novena de Coronillas que debía iniciar el Viernes Santo (cfr. Diario, 796). Estando en el hospital de Prądnik ella se preparó a la Fiesta con una serie de adoraciones, de una hora, ante el Santísimo pidiendo la institución de la Fiesta. (Diario 1041)
Podemos decir que la novena a la Divina Misericordia que antecede la Fiesta es fruto de la experiencia mística de contemplación y vivencia de la pasión del Señor, iniciada en la tarde del Jueves Santo de 1937 (25 de marzo) y finalizada el Viernes Santo a las 3 de la tarde (cfr. Diario, 1053-1059). Y que ella escribió más luego en su Diario en octubre del mismo año. (cfr., Diario, 1209-1229)
La Novena resalta la relación entre la Pasión de Cristo y la celebración Pascual. La Pasión, muerte y Resurrección de Cristo son la mayor manifestación de la Misericordia de Dios para con los pecadores, tanto de parte de Dios Hijo, quien asume obediente el sacrificio, como de parte de Dios Padre, quien entrega a Su único Hijo por la redención de la humanidad entera.
Claves para vivirla:
- La Novena que iniciamos el Viernes Santo, bien se puede rezar a las tres de la tarde de ese día como preparación a la Celebración litúrgica de la Pasión del Señor, que es propiamente la Hora de Misericordia.
- La novena es un buen ejercicio de intercesión unidos a los sentimientos del Señor en la Cruz. Dice el Papa Francisco: “la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño.” (EG 281). Ciertamente el culto perfecto en la Fiesta de la Misericordia exige ejercitar la misericordia de modo especial por la oración de intercesión.
- El Señor claramente exige: “Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas a la Fuente de Mi Misericordia… Cada día traerás a Mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de Mi misericordia.” (Diario 1209).
Por tanto, la Novena no es para hacerse de carreras; puesto que cada día debemos presentar al Señor un determinado tipo de personas y "sumergirlas" en Su misericordia. Pide El: “Tráeme… y sumérgelos en el mar
de Mi misericordia”. (Diario 1520). El corazón de Jesús, es receptáculo de tu miseria y fuente de vida.
- Cada día contempla los sentimientos del Señor con respecto a dicho tipo de personas. El sufrió por nosotros. Así podrás tener en tu oración los "mismos sentimientos de Cristo".
- En sintonía con los días santos del Triduo Pascual podría tenerse para Viernes y Sábado Santos el "Saludo al Corazón de Jesús" de santa Faustina (Diario 1321). Los siguientes días rezar las Letanías de la Divina Misericordia. (Diario 949)
- Ser Misericordiosos con otros.
El Señor lo exige de manera contundente: “Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte…
De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia. Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi Misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada. A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi Misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil.” (cfr. Diario 742)
Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio. (Diario 1317)
Prepararnos a la Fiesta de la Misericordia es reconocer que «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón» [Conc. Vaticano II.. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 1].
Por Pbro. Ricardo Giraldo M. ses Asesor Espiritual CDLM
