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Oración con la que el Papa consagró a los jóvenes al Corazón de Jesús

Señor Jesucristo, Hermano, Amigo y Redentor del hombre, mira con amor a los jóvenes aquí reunidos y abre para ellos la fuente eterna de tu misericordia que mana de tu Corazón abierto en la Cruz. Dóciles a tu llamada, han venido para estar contigo y adorarte. Con ardiente plegaria los consagro a tu Corazón para que, arraigados y edificados en ti, sean siempre tuyos, en la vida y en la muerte. ¡Que jamás se aparten de ti! Otórgales un corazón semejante al tuyo, manso y humilde, para que escuchen siempre tu voz y tus mandatos, cumplan tu voluntad y sean en medio del mundo alabanza de tu gloria, de modo que los hombres, contemplando sus obras, den gloria al Padre con quien vives, feliz para siempre, en la unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Un minuto día a día con Juan Pablo II Enseñanzas del Papa de la Misericordia

Semana XIII. Abril 24-30.

Juan Pablo II, el Papa de la Misericordia.

La Fiesta de la Divina Misericordia.

Juan Pablo II fue, a lo largo de supontificado, un infatigable apóstol de la Misericordia de Dios, llamando vehementemente a toda la Iglesia a unirse activamente a esta tarea y durante todo su pontificado se convirtió en misionero de la Misericordia Divina a todas las naciones. El 30 de septiembre1980 publicó su segunda encíclica: “Divesin Misericordia” (Rico en Misericordia), sobre la Divina Misericordia y, a demás de canonizar a santa Faustina, instituyó la Fiesta de la Divina Misericordia (2000) y consagró el mundo a la Misericordia Divina (2002).

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Renovación de la vida cristiana en el espíritu de confianza y misericordia

Mi espíritu será la regla de su vida. Su vida debe modelarse sobre Mí, desde el pesebre hasta la muerte en la Cruz" (Diario 438), estas palabras las dirigió Jesús a todos creyeran en El y adoraran Su Misericordia en las fuentes que son los Evangelios.

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La Hora de la Misericordia

En octubre de 1937, en unas circunstancias poco aclaradas por Sor Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte:  "Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma" (Diario, 1572).

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